Atención, Acuerdo Transatlántico.

16.5.14


Los grandes medios de comunicación dominantes han hablado poco, con la esperanza de que la opinión pública no tome conciencia de lo que está en juego, y de que los burócratas de Bruselas puedan decidir sobre nuestras vidas con toda tranquilidad y en plena opacidad democrática

Acuerdo Transatlántico sobre Comercio e Inversión (ATCI). Este convenio se está negociando con la mayor discreción y sin ninguna transparencia democrática entre la Unión Europea y Estados Unidos (EEUU). Washington y Bruselas quisieran cerrar el tratado ATCI en menos de dos años, antes de que finalice el mandato del presidente Barack Obama. ¿Por qué tanta prisa? Porque, para Washington, este acuerdo tiene un carácter geoestratégico.

Uno de los principales peligros del ATCI es que incorpora un capítulo sobre “protección de las inversiones”, lo que podría abrir las puertas a demandas multimillonarias de empresas privadas en tribunales internacionales de arbitraje (al servicio de las grandes corporaciones multinacionales) contra los Estados por querer estos proteger el interés público, lo cual puede suponer una “limitación de los beneficios de los inversores extranjeros”. Aquí lo que está en juego es sencillamente la soberanía de los Estados y el derecho de estos para llevar a cabo políticas públicas en favor de sus ciudadanos.

Mediante ese acuerdo de marcado carácter neoliberal, EEUU y la UE desean eliminar aranceles y abrir sus respectivos mercados a la inversión, los servicios y la contratación pública, pero sobre todo intentan homogeneizar los estándares, las normas y los requisitos para comercializar bienes y servicios. Según los defensores de este proyecto librecambista, uno de sus objetivos será “acercarse lo más posible a una eliminación total de todos los aranceles del comercio transatlántico en bienes industriales y agrícolas”

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TTIP permitiría a la Unión Europea y a Estados Unidos superar el punto muerto político que afecta actualmente a las negociaciones comerciales a nivel multilateral, ya que los países menos desarrollados ofrecen resistencia a las exigencias de Estados Unidos y la Unión Europea de liberalizar aún más sus economías (con la pretensión de que las compañías estadounidenses y europeas tengan acceso libre a sus mercados y materias primas).

La TTIP podría convertirse así en el vehículo que fuerce al a los menos desarrollados a encaminarse por una senda de desarrollo definida por los intereses de Estados Unidos y la Unión Europea (esclavos económicos).


Mas informacion:

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